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LISTAS DE PALABRAS Una tarde busqu lontananza en el diccionario. No recuerdo exactamente si lo hice porque la hab a le do en alg n contexto que me resultaba extra o o porque quer a saber de su etimolog a. Sea como fuere la cuesti n es que pens que cada vez buscaba palabras m s frecuentes m s conocidas m s f ciles. Qu diferentes aquellos tiempos de la adolescencia cuando era cuesti n de honor conocer las palabras m s desusadas y de significado m s extra o y alambicado y estos otros menos competitivos o quiz menos ambiciosos en los que andaba volcado en descubrir el ntimo significado de la palabra lontananza. Aquello fue el punto de partida. En seguida vi el motivo literario que encerraban mis b squedas sem nticas pues vi que las palabras que buscaba en el diccionario pod an ser el trasunto perfecto de la vida. En la juventud se buscan con ansia placeres ex ticos sabores extremos como vestiglo imbricado ontol gico... Con la madurez el paladar aprende de matices y aromas y busca en el mundo m s la intensidad de la exquisitez que la cantidad del exceso. Por eso preferimos paradigma albayalde cimbra... Pero el tiempo no para los a os siguen pasando el escepticismo se convierte en cr nico y el hartazgo y el empalago nos vuelven ascetas degustadores de sabores puros incluso rudos: estupor sist mico simulacro... Me encant la idea. De camino a casa de Adolfo mientras arrastraba pl cidamente los pies por el crujiente manto de hojas resecas me entretuve en buscar palabras para componer listas que ejemplificasen los distintos estadios de la vida de un posible personaje. Cuando me quise dar cuenta estaba sentado en la covacha que Adolfo llamaba hogar con una cerveza en la mano. Sin m s empec a contarle: - Vengo pensando en un relato policiaco en el que la pista clave no sea una huella o una fotograf a comprometedora o la declaraci n de un testigo inesperado sino una colecci n de pedazos de papel con listas de palabras escritas en ellos. - Listas Quieres decir criptogramas -aventur Adolfo. - No aunque esa ser la primera teor a que maneje la polic a -improvis al darme cuenta de que era un elemento interesante. - Y el caso en qu consiste - Se ha encontrado a un hombre muerto. Alguien ha denunciado su desaparici n la polic a va hasta su casa y se encuentra con que el susodicho est pl cidamente muerto en su cama con un bote de somn feros vac o sobre la mesilla de noche. - Suicidio pues. - S eso parece -confirm - pero las primeras investigaciones resultan desconcertantes. El muerto no ten a el m s m nimo problema. Ni enemigos ni exesposas ni deudas. Su m dico dijo que el difunto disfrutaba de una excelente salud -aqu sonre - diagn stico este que confirm el forense cuando le hizo la autopsia al cad ver. Ten a un trabajo razonable amigos amigas... - Vale vale capto la idea: ning n motivo para suicidarse -me cort impaciente Adolfo. - Eso es. Por eso el inspector encargado se fija en el mont n de papeles con palabras. De todo cuanto hab a en la casa era lo nico que pod a encerrar un misterio quiz una doble vida un secreto que justificase que alguien intentara acabar con l. - O que le hiciese la vida insoportable. - Claro claro. - De todas formas falta algo -dijo Adolfo m s para s mismo que para m -. La gente no necesita demasiados motivos para suicidarse. La vida suele ser suficiente motivo -musit -. Y un polic a no se va a tomar demasiadas molestias si no encuentra algo sospechoso. Y un mont n de papeles con palabras no basta no es nada no tiene por qu significar nada. Hay que buscar algo que justifique el inter s del inspector. Y el del lector sobre todo el del lector. - S ya hab a pensado en ello ment lo cual me oblig a improvisar-: qu te parece si los papeles aparecen perfectamente apilados en la mesilla junto al tubo de barbit ricos - S eso podr a valer... -me anim Adolfo mientras parec a cavilar sobre las posibilidades de todo aquello-. Eso los sit a cerca del muerto en sus ltimos momentos... Descr bemelos dime c mo son. - Son peque os trozos de papel de distintas calidades y de un tama o... m s o menos as -y compuse con los dedos en escuadra un rect ngulo de unos ocho cent metros por diez- aunque el tama o var a de unos a otros. Por los bordes se ve que se han recortado de piezas de papel mayores a base de doblar y rasgar. En cada trozo aparece una lista de palabras cada una de ellas seguida de un n mero. Me gustaba ver a Adolfo pensar. Me gustaba sentir el ronroneo de su maquinaria puesta en marcha. Me gustaba contemplar los casi imperceptibles cambios de su rostro. - Los n meros -continu - raramente tiene m s de tres cifras aunque alg n caso hay. En cuanto a la cantidad de palabras tambi n es variable. A veces solo hay una a veces decenas de ellas se api an en letra menuda sobre las dos caras
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